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Cine, Clásicos de Hoy

Clásicos de Hoy – No es País para Viejos

Clásicos del cine contemporáneopor Rafael Ramos Macias.

No Country for old menDirección: Ethan Coen y Joel Coen.
País: USA.
Año: 2007.
Duración: 122 min.
Género: Drama, thriller.
Interpretes: Tommy Lee Jones (sheriff Bell), Javier Bardem (Anton Chigurh), Josh Brolin (Llewelyn Moss), Woody Harrelson (Carson Wells), Kelly Macdonald (Carla Jean Moss).
Guión: Joel Coen y Ethan Coen; basado en la novela homónima de Cormac McCarthy.
Producción: Joel Coen, Ethan Coen y Scott Rudin.
Música: Carter Burwell.
Fotografía: Roger Deakins.
Montaje: Roderick Jaynes.
Diseño de producción: Jess Gonchor.
Vestuario: Mary Zophres.
Estreno en USA: 21 Noviembre 2007.
Estreno en España: 8 Febrero 2008.

Silenciosa Nostalgia

En la quietud de nuestros, jóvenes e inmortales, pensamientos el futuro se nos presenta como un lugar idílico y refulgente, pintado con el color del optimismo y bañado en el mar de la tranquilidad. Pero poco a poco, cuando el eterno mañana se va convirtiendo en el común hoy y termina como melancólico ayer, nuestra imprudencia solo es un destello perdido en un océano de plata donde se ahogan unos ojos desencantados, cansados y atemorizados ante el próximo amanecer. La nostalgia se convierte entonces en el abrigo que calienta los huesos de los veteranos hastiados de un mundo que a su juicio ha perdido la razón y navega a la deriva en una tormenta moral donde espuma, color carmesí, golpea con brutalidad un casco enmohecido por la corrupción de nuestra propia humanidad.

Esta premisa, que en un principio parece complicada, es la moraleja que la sensacional No es País para Viejos de los hermanos Coen encierra en sus 122 minutos de metraje. Esta cinta, que podría parecer un thriller del montón, esconde una profundidad  tan desolada como las fantásticas localizaciones que inundan el relato y que llevan de la mano al espectador a una Norteamérica erosionada y desgastada pero orgullosa de mantenerse, a duras penas, en pie.

La historia, basada en la novela homónima de Cormac McCarthy, nos presenta el ya clásico juego del gato y del ratón donde todos los personajes se persiguen de un modo u otro desde la perspectiva del bueno, el feo y el malo en una cacería que sin la mano de los hermanos Coen caería en el tedio de producciones similares. El reparto, encabezado por un sensacional Javier Bardem, no desmerece en absoluto la producción y resulta extraordinariamente creíble sobre el tablero donde se mueve. Si bien es cierto que se podría acusar a Josh Brolin, el feo, de interpretarse a si mismo o de repetirse en el mismo papel en el que parece haberse encasillado su presentación ante las cámaras es  cuando menos honesta y su voz en este coro, aunque mas baja que la de sus compañeros, no desbarajusta la armonía que se crea entre los tres protagonistas.

La carga dramática de la película descansa sobre los experimentados hombros de Tommy Lee Jones. Jones, en la piel del Sheriff Bell, hace un magnifico trabajo al convertirse en guía del discurso metafórico de la cinta al experimentar los hechos que conducen a las reflexiones que dan titulo al filme. Con gesto hosco, su interpretación es la amarga realidad a la que todo hombre ha de enfrentarse cuando el mundo en el que vive cambia más deprisa de lo que el mismo es capaz de adaptarse a el. Su mirada crítica ante la violencia que le rodea y su obstinado carácter le adjudican el papel de bueno en esta cacería donde Jones retrata a la perfección una sensación inmortal anclada en el siempre cambiante concepto del ayer.

En gran parte el causante de todas las reflexiones a las que el Sheriff Bell hace frente es Antón Chigurh, un imperturbable asesino interpretado por un colosal Javier Bardem. Chigurh es el principal antagonista de la película, la muerte, la violencia irracional, la vanidad del que no piensa en el mañana viviendo en un extremo Carpe Diem. La frialdad y el horror que el personaje es capaz de mostrar consigue que el espectador se estremezca ante el inexpresivo criminal al mismo tiempo que se convierte en el principal reclamo de la trama, siendo sus escenas las mas celebradas por el intenso magnetismo que Bardem desprende en su discurso, dando cara e intensas emociones a un enigmático monstruo que hace tan suyo que su figura empequeñece a la brillante película en la que exhibe su brutalidad para entrar con paso firme en el salón de la infamia de los grandes villanos del cine.

Una cinta que no excluye, que esconde con ritmo y fuerza unos propósitos morales elevados al servicio del espectador que quiera cazarlos. Efectista, brillante y cautivadora, No es País para Viejos de los hermanos Coen es un frenético viaje a la naturaleza humana y una excusa para los amantes del buen cine que quieran volver a experimentar sensaciones casi olvidadas por la producción de una industria sumida en una crisis de talento e ideas.

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