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Conociendo la Historia – Prensa amarilla y escalada armamentística en la guerra hispano-estadounidense

Conociendo la HistoriaCésar del Campo de Acuña.

Prensa amarilla y escalada armamentística en la guerra hispano-estadounidense

La información siempre ha sido un bien de carácter vital a medida que el hombre evolucionaba. Se podría decir que este medio de trasmisión de datos era el caudal por el cual el progreso llegaba y se expandía por todos los rincones del globo. Evidentemente y como ya hemos destacado en otras ocasiones, hay diferentes tipos de información, pero una especialmente compleja, de porte dramático y con una profunda importancia fue la información en tiempos de guerra.

Los países en contiendas bélicas, necesitaban el suministro de la información casi tanto como el logístico. Cuando el tiempo corrió y la prensa se normalizo y comenzó a convertirse en un bien común al alcance de cualquiera a principios del siglo XX, su importancia e influencia en los conflictos bélicos alcanzo su grado máximo.

Un claro ejemplo es la contienda que enfrento a España y Los Estados Unidos de América por la isla de Cuba a finales del siglo XIX, donde la prensa (mas concretamente la amarilla) jugo un papel determinante en la escalada militar entre los dos países.

Periódicos como el de William Randolph Hearst, de marcado carácter amarillista, ya habían recogido en las páginas de su diario el New York Journal varios recortes de la situación que se vivía en cuba. El autor de la cita “yo creo las noticias” hizo desde su diario una prodigiosa campaña en contra de la metrópoli que controlaba cuba. Esta campaña llevo a la crispación de exiliados cubanos , que siempre habían estado al tanto de los movimientos en la isla, que comenzaron a ver con mejores ojos la posibilidad de intervenir en la zona para poner orden en sus cercanas costas.

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En un principio, se llego a pensar en comprar a España la isla por 300 millones de dólares, pero el antiguo imperio declino la oferta. Los acontecimientos se precipitaron el día 12 de enero de 1898. Ese día  se produjo un motín en Cuba, a raíz del asalto perpetrado por un grupo de oficiales de la guarnición de Weyler a un periódico cubano que había publicado un artículo titulado “Fuga de granujas” haciendo una clara referencia a el abandono de la isla por personas del entorno de Weyler  ante los aires de guerra que se respiraban. El New York Journal  se hizo eco de la noticia y comenzó a realizar una campaña en contra de España.

La metrópoli en un principio no entro en las provocaciones Estadounidenses, pero a raíz de los disturbios que se generaron en toda la isla a razón de los sucesos anteriormente mencionados,  los Estados Unidos decidieron poner orden en la zona enviando el buque acorazado de II clase, Maine, a Cuba. El 25 de enero de 1898, el Maine hacía su entrada en La Habana sin haber avisado previamente de su llegada, lo que era contrario a las prácticas diplomáticas tanto de la época como actuales.

En correspondencia a este hecho, el gobierno español envió al crucero Vizcaya al puerto de Nueva York. A pesar de lo inoportuno de la visita, las autoridades locales españolas trataron con toda amabilidad a la tripulación estadounidense. Pero los acontecimientos se precipitaron y el 15 de febrero el acorazado Maine estallaba llevándose en la explosión la vida de 266 marineros.

maine-cincodays

Estados Unidos manda una comisión para investigar, pero Hearst se empeña en un sabotaje español, tal y como lo demuestra en la portada de su diario. El 17 de febrero, dos días después de la explosión, los titulares clamaban furiosos que la destrucción del acorazado era obra del enemigo y reseñas con todo lujo de detalles (incluidos improvisados dibujos en los que se apreciaba al barco estadounidense fondeado en cuba, mientras que un siniestro artilugio del enemigo se colocaba debajo del acorazado para hacerlo estallar) indicaban que la explosión no había sido un accidente, a la par que hacia uso de la palabra de políticos para hacer mas veraz la información.

Uno de los elementos más impactantes dentro de este despropósito del sensacionalismo y amarillismo de corte mas duro es el cartel que ofrece una recompensa. Como si del lejano oeste se tratara, Hearst ofrecía 50.000 dólares de la época a aquel que colaborara con información que esclareciera los hechos sobre lo ocurrido en Cuba en el supuesto sabotaje.

Esta practica periodística, fueron las que finalmente empujaron a España a entrara en guerra con Estados Unidos debido al constante asedio que recibía la metrópoli por parte de los medios de la Unión. Las provocaciones de Hearst y de su diario ayudaron a que la carrera armamentística se acelerara de una manera vertiginosa, dando como resultados una guerra encubierta por una información deficiente, que buscaba el amarillismo antes que la información veraz. Esta situación vino de la mano de la frase: “yo creo las noticias” y el resto como suele decirse, es historia.

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