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Cajon de Sastre, Comida y Cocina, La Vida debe Saber Bien

La Vida debe Saber Bien – Bimbo Kekos

La vida debe saber bien…Por César del Campo de Acuña

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Hoy Degustamos: Bimbo Kekos

Hambrientos y golosos del mundo, carpantas irredentos de pantagruélico apetito, devoradores de gollerías y reguladores de la gula, sean bienvenidos una vez más a La vida debe saber bien, la sección de www.cincodays.com en la que gustosamente me entrego a la afanosa labor de hacer las veces de conejillo de indias probando todas esas chucherías multicolor que adornan los pasillos de los supermercados y que con sus tentadores cantos de sirena nos invitan a llevárnoslas a casa con el fin de que terminemos con ella en un frenesí de batientes mandíbulas que de cómo resultado una sensación de culpabilidad que les durara hasta el momento en el que se digan: “mañana a plan” y que invariablemente volverá a experimentar en cuanto se peguen otro atracón. En fin, sea como fuera, aquí vamos a estar cuatro días, así que fuera complejos y tiranías de la belleza…péguense su moderado homenaje de higos a brevas y todo andará bien con su conciencia, con su colesterol, y con su salud.

Hoy les invito a conocer mi particular opinión de Bimbo Kekos, unos nuevos pastelitos/bizcochitos rellenos de chocolate de aterciopelada textura que han aparecido recientemente en el pasillo concebido para convertir a los infantes en una panda zeppelines con ojos. Lo primero que te entra por los ojos es su caja (pequeña, celeste, llena de dibujos muy infantiles) que te promete que se trata de un producto con un compromiso nutricional, pero eso a ti (si no eres padre) te importa un rábano. Independientemente del aspecto de la caja (que parece la de un piscolabis ideado para los Osos Amorosos) te llama la atención que tan solo contenga 5 unidades, ya que cuando le das un meneo se nota que queda espacio para algunas más. Estamos hablando de 150 gr de producto por un precio aproximado de 1,70€, lo cual es algo caro, pero bueno, un día es un día. Una vez decides que el infantiloide packaging (a fin de cuentas es un dulce destinado a niños muy pequeños) y el precio te dan igual y pasas por caja, te encuentras en casa con unos bizcochos minúsculos (y no en mi mano…que soy un tipo que casi alcanza los dos metros, si no en las manos de mi sobrina de cinco años) con formas de animalitos o yo que se que porras que se supone que son y una pequeña plancha con ocho pegatinas (por si acaso quieres ir pegando pajaritos, arboletes por ahí o pregonando tu amor incondicional por los Bimbo Kekos).

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Una vez abres el envoltorio, el aroma que desprenden los bollitos es aceptable e invita a hincarles el diente cuanto antes, pero claro, tus ociosos dedos no pueden evitar mandarle señales a tu entumecido cerebro (a causa del unos indiscriminado de sus teléfonos de ultima generación, sin duda) de la curiosa y esponjosa textura del bizcochito en cuestión. Bueno, sin miramientos ataco y encuentro un dulce de sabor aceptable, que no llega a borbotear chocolate (lo cual es un acierto, por que no empalaga como productos rellenos similares) y con un sabor muy característico. Entiéndanme, es chocolate (o al menos eso creo) pero no sabe al chocolate industrial al que estamos acostumbrados. Tampoco es que los Kekos este exentos de su peaje químico, sino lean su composición: azúcar, harina de trigo (13%), inulina, huevo, aceite vegetal (girasol), agua, almidón modificado de maíz, maltodextrina en polvo, almidón de trigo, humectantes (glicerina y sorbitol), cacao desgrasado en polvo (1%), dextrosa, harina de arroz (0,7%), lactato de calcio, gasificantes (e-500, e-450 y e-575), emulgentes (e-471, e-475), leche desnatada en polvo, proteínas de la leche, aromas, estabilizantes (e-460, e-466), espesantes (carragenano, goma guar, goma xantana), conservadores (e-202), albúmina de huevo y acidulante (e-270). Vamos…todo lo que necesita el cuerpo para ir tirando y sobrevivir a una guerra nuclear solo vestido con unos calzoncillos y armado con un desatascador de inodoros.

Personalmente a mi estas cosas no me amilanan y el que diga en algun sitio que sus productos son 100% naturales miente. Pero oiga, déjese de rollos ¿están buenos o no? Pueden estar preguntándose; diría que si, pero no creo que repita y la prueba de fuego de los niños no la paso, ya que ninguno de mis dos sobrinos se termino su Bimbo Keko. En conclusión, aceptable aroma, curiosa textura y pasable sabor que no terminan de enganchar. Recomendable para probar, pero no para convertirlo en un habitual de su carrito de la compra y posteriormente de su despensa.

Puntuación:

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Tres cucharas sobre cinco.

Combinaciones/Recetas:

  • Lo cierto es que no se me ha ocurrido ninguna. No creo que, en general a la bollería industrial le siente bien ningún tipo de historia, aunque  siempre podrían tratar de hacer un pequeño tiramisú con los Kekos para ver que sale.

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