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Conociendo la Historia – Los orígenes del buceo

 

Conociendo la Historia…por César del Campo de Acuña

¿A que no sabían que el que aquí les escribe es buceador? Pues es así. Hace más años de los que parecen, de casualidad, hice un cursillo de una semana con dos amigos y lo pase genial. Que si es aire comprimido lo que llevas en las botellas (ni bombonas, ni oxigeno oigan), que si las señales, que si el equipo (usado…por supuesto, no como el de latiendadelbuceo.com), que si los pesos… ¡Un mundo! Y eso que en las películas parece sencillo (nada, ponerse la equitación y al agua). Desde entonces, no lo he practicado más, pero ha sido una de las actividades deportivas que más he disfrutado y una de las que más veces he recomendado y esperado repetir. Con tal motivo, y por aquello de que se acerca el verano a pegarnos un canicular bofetón, creo que merece la pena repasar la historia del buceo y de los rudimentarios equipos que se utilizaban hace siglos. Sin más les dejo con algunas curiosidades históricas sobre cómo y por qué el ser humano empezó a bucear.

Antiguos buceadores

Desde los albores de la humanidad, los hombres han entrado en el agua en busca de alimento, así que es imposible determinar la fecha exacta o el origen de buceo. Lo que sí sabemos, gracias a diferentes hallazgos históricos es que los habitantes de Mesopotamia, practicaban el buceo como una forma de comercio (fundamentalmente recolectando perlas de las ostras), hace 4500 años. En Tebas, en el tercer milenio Antes de Cristo, existía una potente industria basada en el buceo en busca de perlas y se sabe que diferentes pueblos chinos practicaban estos tipos de descensos de igual forma en aquellos tiempos.

Encontramos referencias a los pescadores de esponjas en la obra de Homero en el 1000 Antes de Cristo. En ella se habla de una técnica por la cual los buceadores llegaban a descender 30 metros a pulmón atándose pesadas rocas al cuerpo y permaneciendo unidos al bote/barco por otra cuerda. Evidentemente, no sabían nada de como compensar la presión y por eso idearon una forma peculiar para hacerlo. Los buceadores vertían aceite en sus oídos y tomaban un trago, descendían y una vez en el fondo escupían el aceite, cortaban todas las esponjas que pudieran del fondo marino (según su capacidad para aguantar la respiración)  y luego eran sacados a base de tirar de ellos. Sin lugar a dudas una forma agotadora, peligrosa y dolorosa de ganarse la vida.

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Probablemente los buzos más famosos de la antigüedad fueran Escilias de Scione y su hija Ciana. El rey persa Jerjes les encargó en el siglo V antes de Cristo, rescatar el tesoro de un barco hundido en una de las numerosas batallas navales entre persas y griegos. Cuando acabaron el trabajo, el rey persa los retuvo en contra de su voluntad.  Entonces, una noche de tormenta, valiéndose de cañas para respirar bajo el agua y aprovechando la oscuridad Escilias y su hija se zambulleron para escapar. Antes de huir cortaron las cuerdas que anclaban los barcos persas al fondo y estos terminaron estrellándose contra los arrecifes de coral. Tras aquello, llegaron nadando a Artemisius (a 9 millas de distancia). Como reconocimiento a su hazaña, se erigieron sendas estatuas de oro en Delfos.

Los buzos también se alistaron en las operaciones militares mucho antes del nacimiento de Cristo. Los espartanos y atenienses fueron los primeros en emplear buzos de combate, pero la historia generalmente acredita a Alejandro Magno en su famoso asedio de Tiro (Líbano) en el año 332 Antes de Cristo, como el primero que los utilizo.  Supuestamente el conquistador utilizo buzos de demolición para eliminar los obstáculos del puerto. De hecho, Aristóteles informó que el mismo Alejandro hizo varias inmersiones en una campana de buceo para observar los progresos del trabajo que había encargado.

Por el primer siglo Antes de Cristo, una industria próspera de salvamento surgido a lo largo de las principales rutas comerciales del Mediterráneo. La industria quedó tan bien organizada que las leyes estaban recogidas en libros que ordenan la estructura de tasas por los servicios de salvamento. En general, la tarifa depende de la profundidad de los restos del naufragio. Por ejemplo, en profundidades de 25 pies (7,6 m) o más, la participación de él buzo era la mitad de todos los bienes recuperados. De 25 a 12 pies (7.6 a 3.6 m), el porcentaje se reducía a un tercio, y en aguas poco profundas donde podían estar de pie, la proporción era sólo una décima parte del valor de las mercancías.

Grecia y Mesopotamia no eran las únicas que practicaban el buceo. La recogida de ostras y mariscos por medio del buceo era una actividad común en todo el mundo. De los buzos Ama de Japón y Corea, a los mayas de Centroamérica pasando por los indios yaganes de la región del Cabo de Hornos, todos buceaban. Incluso Colón encontró una industria de recogida de perlas próspera en la costa de lo que hoy es Venezuela. Curiosamente, en todas estas culturas, los buzos eran generalmente mujeres.

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