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Conociendo la Historia, Historia

Conociendo la Historia – Sargento Stubby

Conociendo la Historia…por César del Campo de Acuña

Como está el mundo. Qué difícil es encontrar ejemplos de honradez, valentía y moralidad en una época en la que todo el mundo es igual que su vecino pero a su vez más listo que nadie. Nada, nada…que usted cree tal o cual, pues es usted un sectario, un tipo adoctrinado que se ha enterado de la historia que le han contado y no de lo que realmente ocurrió. Que los míos fueron muy buenos y los suyos muy malos y que todo lo que le han dicho de las dos guerras mundiales es un bulo. El caso es que cuando los humanos flojean mientras hacen gala de una diarrea mental saturada de tropezones, el único referente moral que me queda como observador silencioso de todo este dislate es el mundo animal.

Menos mal que tenemos a los animales. Menos mal. No diré que es una creencia profunda, pero sí que pienso de vez en cuando que el calificativo de bestias nos lo merecemos más nosotros que ellos y últimamente, con lo caro que se ha puesto poner ejemplos, me quedo con el de estos seres que llevan padeciendo nuestra profunda e insensata estupidez desde que el mundo es mundo y desde el primer día que a un fulano de frente abultada se le ocurrió ponerse a caminar erguido.

El caso es que, con tan fausto motivo, como he ido demostrando a lo largo de los últimos meses, prefiero escribir sobre miembros del reino animal antes que dedicar parte de mi tiempo a redactar algo medianamente positivo y/o inspirador protagonizado por un humano y que no hiera sensibilidades y ojo, que no lo hago por temor a represalias, sino por mero hartazgo del “y tú más” que tanto lustre está dando al debate hoy en día y que se parece más a las riñas de patio de recreo aquellas de: “pues tu mamá es”.

En fin, les dejo con la historia de Stubby, un perro que demostró más humanidad en su corta vida, que muchos de los que se pasan el día recitando salvajadas amparándose en no sé qué derecho a la libertad de expresión que les viene muy bien al tiempo que les sea útil y muy mal cuando les afea el gesto.

stubby-cincodays-com

Sargento Stubby

¿Quién fue Stubby? Pues Stubby fue un perro (Boston Terrier) nacido en 1916 o 1917 en el estado de Connecticut. Nadie sabe exactamente su fecha de nacimiento exacta, ya que como muchos perros, Stubby nació en la calle. Stubby vivía vagando por las inmediaciones del campus de la Universidad de Yale, donde miembros de la 102º de infantería entrenaban. Los soldados se encariñaron con el perrete, el cual no dejaba, de observarlos y seguirlos mientras se preparaban para entrar en combate en Europa. Uno de los soldados, el cabo Robert Conroy, se hizo cargo de Stubby y comenzó a llevarlo con él a todas partes. Sabedor de que no estaban permitidas las mascotas, Conroy decidió esconderlo y embarcarse con Stubby camino a las trincheras, pero fue descubierto. No se sabe a ciencia cierta si el peludo compañero de Conroy fue descubierto en alta mar o en su llegada a Francia, pero si se sabe que Stubby fue encuadrado oficialmente en la 102º de infantería de los Estados Unidos. Según las fuentes consultadas, hay que sostiene que simplemente los mandos de Conroy permitieron que se quedara con el perro porque su presencia ayudaba a levantar la moral de la tropa (como paso con Wojtek, el oso soldado) y hay una historia más romántica que cuenta que Stubby fue descubierto cuando la 102º aun navegaba hacia Francia y que se ganó a los mandos haciendo el saludo militar.

Lo que sí se sabe a ciencia cierta es que Stubby entro en combate y mucho permaneciendo un total de 18 meses en el frente, participando en 4 ofensivas y 17 batallas, siendo su bautismo de fuego el 5 de febrero de 1918. Fue herido en una pata en combate en abril de 1918 a causa de la metralla de una granada. Fue enviado a la retaguardia para su convalecencia donde ayudo a levantar la moral de los heridos. Una vez recuperado volvió al frente y al poco tiempo de que comenzaran los ataques con gases, Stubby aprendió a detectarlos al ser capaz de escuchar el característico silbido de los proyectiles al expulsar el gas. ¿Cuántas vidas pudo salvar Stubby alertando a sus compañeros de unidad gracias a su oído? Incontables. Por otro lado, en aquel entonces se convirtió en un hábil perro rastreador y fue capaz de encontrar a varios de sus compañeros aislados en tierra de nadie, alertando a la tropa de que estaban allí.

stubby-parade-cincodays-com

Pero si hay una anécdota que le hizo pasar a la historia fue su captura en solitario de un espía alemán en  la Ofensiva de Meuse-Argonne. Durante uno de los “tiempos muertos” del combate Stubby advirtió unos ruidos en unos matorrales y se acercó motivado por la curiosidad de su especie. Allí descubrió a un espía alemán del que no solo alerto a sus compañeros de armas, sino que además ataco inmovilizándolo mordiéndole en el trasero. Esta acción le valió ganarse el ascenso a sargento. Varias mujeres le confeccionaron una suerte de uniforme con un viejo abrigo de gamuza (tras la reconquista de Château-Thierry) en el que colgar sus medallas y no fueron poca ya que el bueno de Stubby obtuvo las siguientes condecoraciones: 3 barras de servicio en combate, Parche de la División YD Yankee, Medalla francesa de la Batalla de Verdún, Medalla de la convención de la Legión Americana, Medalla de los veteranos de la Primera Guerra Mundial, Medalla de guerra francesa, Medalla de la campaña de St. Mihiel, Corazón púrpura, Medalla de la campaña de Chateau Thierry y otro honores y condecoraciones menores. Volvió a ser herido en el pecho y una pata y tras un año y seis meses en Europa, Stubby y Conroy volvieron a Estados Unidos.

Una vez volvió a la “vida civil” el Sargento Stubby se convirtió en toda una celebridad y era habitual verle encabezar desfiles militares a lo largo y ancho de toda la unión. Por otra parte tuvo encuentros con los presidentes Woodrow Wilson, Calvin Coolidge y Warren G. Harding y cuando su dueño, Robert Conroy se fue a estudiar a la Universidad de Georgetown, se convirtió en la mascota del equipo de fútbol americano (los Hoyas), permaneciendo en la banda durante el encuentro y animando al público empujando un balón en los descansos. Cabe destacar que en 1921 le fue impuesta la Medalla de oro de la Humane Society of the United States por el general John J. Pershing.

¿Y cómo acaba esta historia? Pues como casi todas las que merecen la pena ser contadas para sacarnos una sonrisa y hasta una lagrimillas. Stubby murió, sí, claro, pero murió feliz, junto a su amó, mientras dormía, a los 10 años de edad y hoy, su recuerdo y su memoria siguen vivos. Puede que no comulgue demasiado con el hecho de que lo disecaran y lo expongan en el Smithsonian (donado por Conroy en 1956), pero creo que el ejemplo que puede dar Stubby en estos días en los que ser valiente y leal se ha puesto por las nubes, es no solo adecuado, sino necesario.

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