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Cajon de Sastre, Un Idiota de Viaje, viajes

Un idiota de viaje – Un flamenco, una boda y un streaptease

Un idiota de viaje…por César del Campo de Acuña

Un flamenco, una boda y un streaptease

Arriba campistas. Tras una noche de descanso es hora de salir a la calle a patearse el strip visitando sus casinos. Eso hicimos. Como resortes. Partimos temprano rumbo sur (o tirando hacia la derecha desde nuestro hotel). Teníamos como objetivo llegar al famoso cartel que da la bienvenida a La Fabulosa Las Vegas desde 1959 y aunque sabíamos que no sería una tarea fácil dada la ingente cantidad de lugares en los que parar. Pero antes de paladear un insípido desayuno en el Venetian déjenme comentarles que mis amigos, en el par de horas que tuve que volver al hotel debido al bajón de tensión que me dio la tarde anterior, reservaron hora y Elvis en una capilla de Las Vegas cercana a la calle Fremont para casarse la tarde siguiente (es decir, la tarde del día que les estoy contando en esta ocasión). Ya saben, si hay algo típico de Las Vegas son las malas decisiones matrimoniales y sino que se lo pregunten a Homer Simpson y Ned Flanders. Bien, volviendo al insípido desayuno del Venetian a base de un rollo de canela y un chocolate con leche hecho sin amor, echamos a andar tras ingerir aquello por sus galerías comerciales y fue como repetir la experiencia del Cesar Palace pero con canales venecianos. Era bastante temprano y la luz de las citadas galerías comerciales se asemejaba a la de un atardecer. Pensamos en subir en una de las estúpidas góndolas que poblaban el canal (fundamentalmente porque parece que viajar a Venecia va a empezar a ser más difícil que conseguir entradas para el Concierto de Año Nuevo) pero el elevado precio del viaje nos echó para atrás. ¿Cuánto costaba? Pues 30$ sin impuestos por persona un paseíto de 15 minutos. Se iba a montar en la góndola su tía Frasca la del pueblo.

Las Vegas es una ciudad increíblemente cara. Si quieren subirse en cualquiera de las trampas para turistas que los diferentes hoteles/casino tienen montadas preparen la cartera y bájense los pantalones porque les van a hacer un trabajito fino. Si, si, vale, vale…solo va a ser una vez en la vida (o no… ¿Quién sabe?) pero si estás haciendo un viaje largo como el que nosotros estábamos haciendo no te conviene dejarte 45$ dólares en la tirolina de la calle Fremont o lo que porras costara (creo que 25$ sin impuestos) la montaña rusa del hotel New York New York. Eso sí, si han viajado a Las Vegas para pasarse allí una semana, están locos y no van a ir a ningún sitio más… adelante, gasten cuanto quieran, que solo se vive una vez y la ciudad del pecado está llena de estúpidas experiencias que no podrán emular en ningún otro lugar del mundo (como que te lleven al desierto a disparar armas automáticas de grueso calibre, luego a una barbacoa y finalmente a una barra americana). Volviendo y saliendo del Venetian paramos en uno de los puestos en los que se venden tickets con descuento (la más cercana al museo de cera de Madame Tussaud que, dicho sea de paso, me hubiera gustado visitar porque soy un tipo bastante creepy). Allí, tras arduas deliberaciones, mi negativa en redondo a ver un espectáculo del Circo del Sol basado en los Beatles y claudicar ante la imposibilidad de pagar los altos precios del espectáculo de David Copperfield nos decidimos por el show de burlesque del Hotel Flamingo llamado X Burlesque Show ya que no hay nada tan de Las Vegas como una mujer semidesnuda.

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Esto va a estar genial el día que no dejen entrar un turista más en la Venecia autentica.

Con las entradas en la mano y tras sortear a todo tipo de pedigüeños callejeros (especial atención merecen unos que no podían tener más roña encima y que estaban allí tan ricamente bebiendo cerveza y riéndose la mar de a gusto) llegamos precisamente al Flamingo (tras pasar por el Harrah´s del que no hay gran cosa que contar). Allí invertimos un buen rato viendo sus estanques llenos de aves y carpas, parando en una gigantesca tienda de recuerdos y gorroneando WiFi. Por fin encontramos un sitio en el que internet funcionaba bien y era gratis en Las Vegas. No tardamos en comenzar a enviar una colosal cantidad de pruebas de vida de los últimos días a amigos y familiares. Puede que quizás invirtiéramos demasiado tiempo en todo aquello. El caso es que me entro sed y me fui derecho a una tienda a comprar un Gatorade de ponche de frutas. Tuve una conversación cortes y amable con la menuda dependienta afroamericana que se encontraba tras el mostrador. En esencia hablamos de lo poco que cuesta ser educado. Acto seguido a que lo comentáramos en voz alta entro un rastafari un poco más bajito que yo en chanclas y calcetines y sin decir ni buenos días, ni nada exigió saber dónde estaba no sé qué. Vivir para ver como se suele decir. En un momento estás hablando de lo importante que es ser amable y acto seguido un tipejo despreciable entra haciendo gala de su falta de educación. Muy mal señor de pelo asqueroso. En otra cosa que me fije en nuestro tiempo en El Flamingo fue en las camareras que servían en las mesas de juego. Especialmente en una que o empezaba a rondar las 50 castañas o la vida la había tratado muy mal a pesar de la delantera que marcaba. Parecía cansada. Parecía muy cansada. Extremadamente cansada a la par que despierta. Era un puro nervio de lo rápido que se movía entre las mesas, pero aun así parecía terriblemente cansada. No fue la única camarera que me llamo la atención. Otras parecidas a aquella nervuda reparte copas del Flamingo pasaron delante de mi radar y causaron la misma impresión. Parece que las luces tenues, los pellizcos en el trasero y el claustrofóbico ambiente de la sale de juegos de un casino hacen pagar un alto peaje.

Dejando a un lado reflexiones personales más o menos trascendentales a un lado continuemos andando hacia el Paris, el casino que tiene una Torre Eiffel de pega como la de Tokio (que curiosamente es más alta que la de Paris, Francia). Para llegar hasta allí tuvimos que cruzar por una de esas pasarelas acristaladas que hay por todo el Strip ya que el tráfico es tan intenso por el centro de la ciudad del pecado que poner semáforos en las arterias principales podría crear embotellamientos demenciales. En estas pasarelas suele haber personas repartiendo publicidad, mendigando (había una chica joven dibujando en un cuaderno en uno de estos pasos a nivel en el que en su cartel había puesto: tengo todas mis necesidades cubiertas, todo lo que me den ira destinado a comprar marihuana. Sigo sin entender estas campañas de marketing), o montando espectáculos improvisados (sea bailando, cantando o tocando un instrumento). Pero bueno, lleguemos al Paris. ¿Qué tal es? Pues está bien. Sigue la tónica del resto de casinos (es decir las salas de juego y comerciales viven en un perpetuo atardecer para desorientar a los mangutas que se están dejando la pasta en las mesas o maquinas) pero este tiene el aspecto del Paris de Toulouse-Lautrec pero sin fulanas y sin absenta. Debo destacar que las patas de la Torre Eiffel de cartón piedra forman parte de la sala de juegos lo que le da un aspecto singular. El caso es que, por espectacular que sea, no deja de ser un casino, temático sí, pero a la postre es un casino. Las mismas máquinas tragaperras (de Batman, de Friends, de Gremlins, de Cazafantasmas, de Wonder Woman…), las mismas fichas…un casino. ¿Merece entrar en todos y cada uno de los que pueblan el strip en sus dos aceras? Lo cierto es que no. Pueden entrar en el Bellagio (el de las fuentes), El Cesar Palace, The Venetian, Paris, New York New York y el Luxor. El resto, a no ser que pasen por sus atracciones (como el acuario del Mandalay Bay) pueden verlos solo desde fuera como el Excalibur, el Mirage, el MGM Grand y el Treasure Island.

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El castillo de CinExin tamaño natural.

Con esto quiero decir que invertimos demasiado tiempo viendo salas de juego (gran decepción el Excalibur, que de ambientación medieval tenía solo la zona de recepción). Por otro lado, entiéndanme, no es que no quiera escribir, pero prefiero ahorrarles el rollo de relatarles cómo eran cada uno de los Hoteles Casino por los que pasamos. Oh, sí claro que vi cosas en ellos (entre ellas Gordos de todos los colores y mismos olores) y de eso si les hablare, pero lo otro es un rollo para turistas más propios de un blog de viajes que de esta descacharrante crónica, asique dejemos el Paris y vámonos al turrón. Verán, en Las Vegas llueve. Llueve poco pero Llueve y dio la maldita casualidad de que cuando sacamos nuestras suelas de los suelos enmoquetados del casino parisino se puso a llover. No piensen en un monzón. Piensen en un chaparroncete que solo sirve para ensuciar y para que la temperatura suba por la humedad. Sea como fuere, el agua fue recibida por un tipo que iba con unas copas de más (y era bastante temprano) como al que le toca un pequeño premio. No es que se pusiera a bailar o a cantar pero no dudo ni un segundo en compartir sus reflexiones al respecto de los beneficios de la lluvia en Las Vegas. Y continuamos nuestra peregrinación hotelera pasando por el MGM Grand (donde nos topamos con una jaula minúscula de UFC) y su impresionante León de chapa ocume. También vimos el teatro dedicado a David Copperfield y los premios que le han dado a lo largo de su ilustre y dilatada carrera de mago. De ahí al bajón que fue el Excalibur y a comer en el New York New York. Lo gracioso de este último es que su área comercial parece un barrio neoyorquino con sus casas de ladrillo y por eso merece la pena visitarlo. Evidentemente nos acercamos a la zona de árcades para preguntar cuanto costaba subirse en la montaña rusa que atraviesa el hotel y nos dijeron que estaba cerrada a causa de la lluvia. No obstante el palo era considerable (como pagar una entrada completa en un parque de atracciones pero solo para dar una vuelta en una única atracción). ¿La comida? Meh. Paramos en un sitio dentro del New York New York llamado  Greenberg’s Deli donde me tome un perrito caliente regulero. Si demasiada historia.

Pero ya que hablamos de restaurantes, como pudieron comprobar en la entrada de ayer, en Las Vegas hay restaurantes de todo tipo y uno que me llamo particularmente la atención, aunque no comimos en el (como ya les conté) fue Dick’s Last Resort (situado dentro del Excalibur). Al parecer en ese restaurante los camareros y todo el personal se portan como unos auténticos capullos contigo durante todo el tiempo que estés allí jalando (y luego les tendrás que dejar, como en cualquier otro restaurante, el 12% el 15% o el 20% de propina). Pero… ¡Hey! Estamos hablando de Estados Unidos si hay restaurantes de temática sadomasoquista (como Wicked Grounds en San Francisco), ¿Por qué no uno en el que toda la plantilla sean los gilipuertas más recalcitrantes del mundo? Dicho esto saltemos al Luxor con su orientación egipcia de baratillo y de ahí al Mandalay Bay. Allí no es que viéramos nada que nos volara la cabeza (bueno…algunos recuerdos de Michale Jackson ese artista del que hace no pocos años era perfectamente licito reírse y ahora parece que está prohibido) pero si hicimos algo que estuvo muy bien. ¿Y que fue? Pues subir al Skyfall Lounge del Hotel Delano (no hare ningún juego de palabras como tríncamela con la mano. Solo diré que se trata del Hotel expansión del resplandeciente, cegador y muy hortera Mandalay Bay). Subimos. Sin gorra pero subimos (al parecer están prohibidas arriba). Vistas increíbles y gratis (que subirse a la torre Stratosphere cuesta sus buenos dólares). Entrando dentro de la chabacanería no pude hacer otra cosa que fijarme en la delantera de una camarera con el pelo corto y gafas. Amigos, no miento cuando les digo que aquello era el disparate de los melones y que esa pobre mujer tiene que tener unos problemas de espalda colosales. Tras las fotos de rigor y no pedir nada (vete tú a saber lo que te podían clavar ahí arriba por un lingotazo), nos fuimos al monorraíl que conectaba el Delano con el New York New York. Parece que no, pero el trote entre Treasure Island y Mandalay Bay es curioso y como te vas parando cada dos por tres para ver cosas (como la moto gigante que sale de la fachada de Harley Davidson Las Vegas, la guitarra gigante del Hard Rock Café,  la entrada del M&M World…) o sorteando locos que se ciscan en los blancos (verídico). No logramos el objetivo de llegar al cartel de Las Vegas a pie. No se pudo. Paramos en demasiados hoteles/casinos y así fue imposible. Por otro lado tengan en cuenta que teníamos que estar en la capilla a una hora determinada. No podíamos hacer esperar a Elvis.

Si miras al hotel durante más de 5 minutos seguidos te quedas ciego (cegado por el lujo).

Si miras al hotel durante más de 5 minutos seguidos te quedas ciego (cegado por el lujo).

Y volvimos a nuestro hotel. Al rato de descansar un poco nos fuimos al aparcamiento, agarramos el coche y nos fuimos para la capilla Viva Las Vegas donde, para disgusto de al menos uno de mis compañeros de viaje, se casaron Alaska y Mario Vaquerizo en su programa de la Mtv. Allí nos estaba esperando una señora muy pesada (si no me dijo un millón de veces que no podía hacer fotos durante la ceremonia, no me lo dijo ninguna), y un Elvis con una pinta de parte bragas de libro (yo creo que ese tío gana por goleada a Julio Iglesias y a José Coronado). El caso es que el sitio está especializado en bodas temáticas o lo que se traduce en: ¿Quieres celebrar una boda cimeria como si fueras Conan el bárbaro? O una disfrazado de Batman, pues ahí puedes. Mis amigos escogieron la que los disfrazaba de Elvis a él y de Marilyn Monroe a ella. La verdad es que fue toda una experiencia. El Elvis que les caso canto Viva Las Vegas a todo trapo después de chapurrear en español no sabemos cuántas veces que había casado a Alaska y Mario. Añadan que por el mismo precio pusieron su nombre en el luminoso que daba a la carretera y todo salió muy bien. Cuando se desvistieron, recogieron las cosas que les dieron volvimos al hotel porque teníamos que irnos de cabeza a ver el espectáculo de burlesque. Una vez dejamos el coche en el parking salimos directos hacia el Flamingo. Si la gente que ves durante el día en Las Vegas es peculiar por la noche es el no va más. ¿Alguien abre las puertas del manicomio en esa ciudad cuando se pone el sol o qué? ¿Y a que me refiero? Pues a que lo más normal entre los personajes que te puedes encontrar es a un tipo haciendo karaoke dándolo todo a pesar de que Dios no le ha llevado por los caminos del cante. Asique comencemos con la clasificación.

En el número 1 de los personajes de Las Vegas nos encontramos con el tipo al que por 20 dólares le puedes pegar una patada en la entrepierna. En el número 2 encontramos una vez más a los pedigüeños callejeros costrosos de la mañana lo que ocurre es que la tipa que estaba igual de costrosa que ellos seguía estando en bikini. En el número 3 encontramos la amalgama de gente semidesnuda encabezada por cinco chavalas con body paint sobre sus mamellas, dos afroamericanos con músculos hasta en las orejas y finalizando la lista dos aspirantes a Sargento Callahan con el mismo diámetro pectoral, uniforme policía modo putón y esposas. Evidentemente dejo en el tintero a las chicas vestidas de show girls clásicas, al cowboy en calzoncillos, a la recua de prostitutas que estaban justo en la esquina trasera del Harrah´s Casino, a todos los alegres tipos que distribuían publicidad de chicas de compañía y a esos campeones que piden dinero con un visible FUCK YOU en sus cartones. Fauna de Las Vegas. En fin, llegamos sin sobresalto alguno al Flamingo, cenamos en el food court (yo concretamente me tome una hamburguesa bastante decente en el Johnny Rocket´s que es una cadena de hamburgueserías estilo años 50 que hay en Estados Unidos) y a la cola del show de burlesque. Seguro que esperan que les cuente que en la cola solo había perdedores más solos de la una y con una cara de onanistas (si es que se puede tener cara de eso) pero lo cierto es que no. Había mujeres solas, muchas familias de asiáticos, parejas y algún señor que otro. Nos llamó la atención un asiático, probablemente chino, que tenía una cara de funcionario de correos o de prisiones que tiraba de espaldas. Cuando comenzamos a entrar evidentemente nos dijeron que nada de fotos, video etc. y nos ayudó a localizar nuestros asientos un señor mayor muy amable con esmoquin que nos contó que el provenía de los Países Bajos. El show estuvo bien. No entrare en detalles. Especialmente me gusto un número que se llamaba The Hot Box y el que utilizo la que es la mejor canción de streaptease de la historia (Cherry pie de Warrant). El de danza aérea también estuvo bien. No me gusto el de la copa de champan gigante porque ese solo le sale bien a Dita Von Tease y el que subió a un afortunado espectador al escenario resulto divertido.  Aparte del espectáculo de baile de chicas semidesnudas, hubo un corte con una stan up comedian que a mí me hizo mucha gracia. Le dio caña a todo el mundo y nadie de los que fueron blanco de sus chistes se sintió ofendido.

Curiosamente esa noche era la última de una de las bailarinas (una que tenía la cabeza de Hello Kitty tatuada en el torso) ya que lo dejaba para centrarse en su doctorado. ¿Y qué diferencia hay entre un espectáculo de burlesque y un streaptease? Básicamente el espectador no puede tocar a las bailarinas, no le puede meter dólares en el tanga, es un espectáculo con más coreografía y compuesto de diferentes números. Vamos, que es un show con bastante más gusto que lo que puedan ver en una barra americana. Decidimos no adquirir las foto que nos hicieron antes de entrar ni hacernos una con dos de las bailarinas porque una vez más los precios eran prohibitivos (si la memoria no me falla costaba 40$ la foto aunque, eso sí, te la daban con un portafotos de piel bien chulo). El final del día había estado muy bien y cansados por la caminata y la boda nos volvimos al hotel (una vez más sorteando las infestadas calles en las que casi presenciamos una pelea entre dos grupos de imbéciles y dando una vuelta por el Mirage). Dicen, algunos de los norteamericanos con los que he hablado sobre mi viaje, que Las Vegas es un gigantesco parque de atracciones para adultos. Yo sigo pensando que es un vertedero, pero un vertedero al que no sé porque, querría volver.

La noche, las luces, los locos...

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