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Mini Review – Proyecto Mind Ripper

Mini Review…por César del Campo de Acuña

mind-ripper-movie-poster-cincodaysProyecto Mind Ripper (Mind Ripper – 1995)

A mediados de los 90 Jonathan Craven, hijo de Wes Craven, tenía 30 añitos. El tipo, sin contar su pequeño papel en La última casa a la izquierda (1972) por el que no fue acreditado, llevaba tratando de meter la cabeza en la industria cinematográfica desde 1988 mintiéndose en producciones de toda condición y pelaje como Gnomo Cop, La serpiente y el arcoíris (de su padre) o Shocker, 100.000 voltios de terror (también de su padre). No había cosa que el joven Craven no hiciera; Desde formar parte de diferentes áreas del departamento artístico, a coordinar efectos visuales, ser presentado como consultor creativo o a ser acreditado como aprendiz de montaje. El caso es que todos aquellos trabajos, muchos de ellos procurados por su ya, por aquel entonces, legendario papa, le permitieron ahorrar lo suficiente como para escribir y producir un guion. Evidentemente también contaba con ese sello de garantía que era el nombre de su padre el cual se convirtió en el productor ejecutivo del film pergeñado por la imaginación de su chiquillo. Mind Ripper, The Outpost (curiosamente el nombre de la productora detrás de esta cinta es Outpost Productions) o Proyecto Mind Ripper fue el nombre de la obra coescrita (también firma un tal Phil Mittleman del que no se nada) y producida por Jonathan Craven en 1995.

Curiosamente, el guion fue concebido como la segunda secuela de Las colinas tienen ojos (1977) tras la terrible Las colinas tienen ojos 2 de 1984 pero antes de que comenzara el rodaje la idea fue desechada. Entiendo que este cambio de parecer se debería al infausto recuerdo que el público podía guardar de la secuela y a la cantidad de tiempo que había pasado desde la primera pero quien sabe. ¿Y entonces que hicieron? Pues con los 8 millones de dólares de presupuesto que contaron se marcaron un híbrido entre Las colinas tienen ojos y Creepozoides que no gusto a nadie. No gusto ni a la estrella del film, el curtido en mil historias Lance Henriksen, el cual aún se siente avergonzado por haber participado en esta película. La trama trata sobre como un grupo de médicos encuentran a un tipo malherido en pleno desierto, y empiezan a experimentar con él en una base secreta. El personaje interpretado por Henriksen decide abandonar el proyecto, y volver con su familia, tras darse cuenta de que había sido engañado; no estaban buscando un virus para regenerar tejido, sino un suero para crear súper soldados. Pero claro, esa pureza moral no afecta a todos los miembros del equipo médico y uno de ellos (al que da vida John Diehl), dispuesto a vender los resultados al mejor postor, le suministra al sujeto (llamado THOR siglas de  Transmutación Humana Organica) un chute de esteroides que lo convierte en un monstruo que necesita alimentarse de una sustancia que segrega el cerebro. Evidentemente el monstruo escapa y por una tontería el personaje de Henriksen acaba volviendo al complejo médico con su familia (entre los que destaca Giovanni Ribisi en su primer papel cinematográfico, un actor que desde que lo vi en Me llamo Earl siempre me ha caído en gracia). Atrapados tendrán que enfrentarse al monstruo y escapar del complejo antes de que se los coma.

Bien, dicho todo esto déjenme decirle que la comparación que he hecho antes con Creepozoides no es gratuita ya que la ambientación es prácticamente igual y no se notan por ningún lado los 8 millones de dólares de presupuesto (tengan en cuenta que para filmar Creepozoides invirtieron cuatro perras y doce días). La película, torpemente dirigida por Joe Gayton (creador y guionista de la sensacional serie Infierno sobre ruedas), es incapaz de generar suspense en ningún momento y es tan oscura, por la mala fotografía, que cuesta seguir la acción. Tampoco es que la trama, el desarrollo de los personajes o los diálogos inviten a seguirla pero se nota que se trata de una de esas cintas que apuestan por la oscuridad porque no tienen nada que enseñar. Ni el monstruo se salva ya que lo único que destaca es el aguijón retráctil que le sale de la boca. Si hubo una cosa que me hizo gracia y es que el personaje llamado Larry (interpretado por el veterano actor de reparto John Apicella) es clavado a Larry Fine de los Tres Chiflados. En general y para terminar les diré que es sosa y poco original. Ni el doblaje la salva aunque puede entrar perfectamente en el campo de “malas pero divertidas”. Proyecto Mind Ripper se nota que es el capricho de Jonathan Craven, el cual tan solo ha firmado otro guion desde este bodrio de 1995 (el de El retorno de los Malditos para más señas). Ahora se dedica a producir (tras intentar dirigir en 2002) y entiendo que a sacar beneficios del legado artístico de su padre.

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